Un alto para escuchar las aves

Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Romanos 1.20

Inicié con este texto porque hace poco platicaba con una mamá sobre el uso de versículos para el desarrollo de hábitos en los niños. Sabemos que Dios se manifiesta a nosotros a través de su creación y su Palabra, por tanto, Romanos 1.20 es un buen punto de partida para acercarnos con nuestros hijos a estudiar la naturaleza y sensibilizar nuestros ojos y oídos para entender y percibir la creación de Dios y los momentos que podemos disfrutar en ella como un regalo de Dios para nosotros; la misma Susan Fenimore en diario rural refiere al campo como “el lugar donde es posible contemplar cómo las bendiciones de Dios brotan de la tierra”.

En este libro la autora toma una pausa en su día a día para describir los cambios que observa en su entorno, la migración de aves, el cambio en el cielo y los cuerpos de agua, el ciclo de la flora al pasar las estaciones, y escribe sus vivencias en torno a todo ello.

Diario rural es un libro vivo que deja entrever la importancia del ambiente en la vida (así como Charlotte Mason lo tiene como primer elemento educativo); sus descripciones invitan a buscar cada ave y flor, y deleitarse en ellos aunque sea en una imagen. ¡Cuánto más habrá sido para la autora contemplar directamente cada una de estas criaturas!

Crecí y viví en la ciudad de México hasta hace cinco años, las ventanas de mi recámara daban a la calle y banqueta de frente había dos jacarandas y un pino. Como la mayoría en las grandes ciudades, yo tenía un oído más entonado hacia sonidos propios de esos espacios; sin embargo, aprendí a escuchar las aves por esos árboles que eran el hogar de diferentes aves a lo largo del año. Mirlos primavera (o Mirlo Robin como lo llama Susan) venían al inicio de dicha estación y era un deleite para mi mamá y para mí iniciar nuestro día con su peculiar y lindo canto.

 

Mirlo Primavera
Zanate

Hace cinco años me casé y ahora vivimos en Zamora, Michoacán, una localidad rururbana, primera productora de berries a nivel nacional, pero con una dinámica como cualquier área urbana en donde, si las personas no están habituadas a escuchar las aves, seguramente solo perciben, igual que en México, sonidos propios de la ciudad. Yo esperé escuchar un Mirlo hasta hace un año.

Otra ave que es lindo escuchar y su canto me transporta a lugares pasados de mi vida, es el Zanate, muy común en la ciudad de México y en climas calurosos como la playa; ahora también ya voy guardando recuerdos con su canto en el hogar que voy construyendo con mi familia.

Cuento mi experiencia con estas aves porque aun cuando en las ciudades hay menos especies de fauna, las que se han adaptado son hermosas y vale la pena hacer un alto en nuestras agendas llenas (incluso llenas de otros sonidos e imágenes) para mirar la creación, el amanecer y atardecer que no se repiten dos veces, las aves saludando y despidiendo el día, porque como la misma Susan escribió: “El esfuerzo lleva su recompensa”.

Gaby Nieblas

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