¿Música en la educación o educación en la música?

La música suele formar parte de los programas educativos como una materia extracurricular que se asocia al estudio de un instrumento musical. Y ciertamente, no es lo mismo decir que la música forma parte de la educación a decir que la música por sí sola cumple un propósito más elevado y en consecuencia tiene una valor educativo implícito.

En este artículo abordare la importancia que tiene este orden de palabras en una educación al estilo Charlotte Mason, recordando que su propuesta educativa responde a principios asociados a leyes naturales.

Bien, la ley natural nos dicta que somos seres musicales, en el vientre de nuestra madre desarrollamos el oído y este es capaz de resguardar una memoria auditiva; estamos expuestos al «ritmo» cardíaco de nuestra madre y escuchamos lo que ocurre fuera del vientre, por ello oímos decir, que al nacer un bebe, presta atención particular a sonidos familiares como la voz de mamá o papá.

De modo que el gran principio se muestra ante nuestros ojos, cierto es que en mamá ocurre algo particular, recurre al canto para tranquilizar al bebe inquieto y el pequeño con todo el potencial de su lado puede crear una bella relación con la música desde sus primeros años de vida, hasta su etapa de adultez, y lo que es mejor, en la eternidad. Bien decía Claudia Zepeda que la música es eterna, puesto que ha sido antes de nosotros y trascenderá eternamente.

A un hecho natural provisto por Dios no hay más que apelar a la misma naturaleza para entender el proceso humano, Charlotte Mason en su principio 12 nos habla de la educación como la ciencia de las relaciones <<Esas afinidades innatas que adaptan nuestra nueva existencia a las cosas ya existentes>> y con ello descansamos en la idea de que la mente del niño es capaz de hacer sus propias conexiones con el entorno, con el conocimiento y crear sus propias experiencias de vida. Esto no luce tan difícil, no como cuando asociamos la música como una serie de estudios programados que llevan directamente al niño a desarrollar una habilidad musical instrumental, me parece que en este y otros aspectos relacionados a las artes exigimos mucho más no solo del arte, sino también del niño e incluso de las mismas circunstancias, y no es de extrañarse que el sentido utilitario de la educación permee sobre nuestra forma de educar exigiendo resultados medibles y palpables.

Pero ciertamente, las artes tienen un fin mayor que ser servidores a los contenidos escolares, es más, el juego de palabras al que hace alusión este artículo tiene que ver con el uso funcionalista al que nuevamente recurrimos a las artes cuando las incorporamos a la educación. Una educación utilitaria tiene la finalidad de producir habilidades concretas que pueden medirse en función de su utilidad, valga la redundancia, pero una utilidad generalizada que apunta proyectivamente al sistema económico del país, aunque este propósito no sea expresamente declarado en los programas educativos.

Y no hablo del producto final en que resulta el arte en su forma “materializada” como la música, la poesía, las pinturas emblemáticas que transmiten todo ese poder de la técnica y la belleza, hablo aquí de esta relación que crean nuestros hijos cuando al llegar al mundo se involucran con “las cosas ya existentes”, hablo de esos primeros acercamientos que permiten formarse una idea completa, unificada, integradora; hablo del hecho innegable de la esencia espiritual de las artes, como alimento pero también como salida emocional, hablo de aquello que no se ve pero que tiene el poder de formar el carácter y la virtud, claro, hablo de la sola apreciación, de la contemplación y el disfrute asociado a las mismas.

Ahora, cuando separamos estos dos aspectos, la apreciación de la enseñanza musical de un instrumento y apelamos a las leyes naturales, podemos bien deducir que la educación musical es necesaria, no para formar a todos expertos músicos sino para entrenar un oído selectivo y en el cual, la música cumpla su principal finalidad. Charlotte Mason dijo:

<<Creo que todos los niños, no solo los que tienen inclinaciones musicales, deberían aprender a apreciar la música. Se ha demostrado que solo el tres por ciento de los niños son realmente sordos al tono. Si los niños comienzan temprano, es asombroso como incluso aquellos que parecen no tener “oído” musical pueden desarrollar uno y pueden aprender a escuchar música con comprensión y disfrute>>. volumen 6

¡Y qué verdaderamente importante resulta en nuestros días entrenar un oído selectivo frente al bombardeo musical! música «pobre» y lenguaje soez que exacerba en gran medida las inclinaciones pecaminosas del hombre, que con seguridad, no desarrolló durante su infancia un acercamiento a la música digna y que aporta virtud y belleza, bien decía Claudia Zepeda que “el niño es el fruto de su entorno” y no hay manera de producir frutos aislados de experiencias personales, en las que el niño, con toda naturalidad propia de su ambiente del hogar, es expuesto de forma intencional y con propósitos bien pensados. Charlotte Mason sugería en su volumen 1, tener algo más que ideas vagas sobre la teoría educativa, puesto que el conocimiento proveerá a la madre una guía fiable para andar por el camino, ese camino que la llevará a cumplir una meta.

Es así como llegamos a la primera conclusión: la música no es solo para algunos, la música es para todos y nuestros hijos están capacitados naturalmente para disfrutar de ella y habilitados para formar relaciones con su entorno inmediato, aquel que respira como una atmósfera en su ambiente; nuestros hijos deben ser capaces de desarrollar un oído afín a la belleza, a los sonidos armónicos y a aquella música que alimenta nutritivamente su espíritu.

Ahora bien, seguro pensarás si esto es todo, y te diré que no, pero sin lugar a dudas es lo primero; ver el panorama completo les permitirá establecer una relación verdadera y abrirá camino hacia una siguiente etapa; al entrenamiento del oído y voz, aspectos que pueden abordarse a la par, (y la enseñanza oral de otro idioma puede ser un entrenamiento invaluable según Charlotte Mason), le sigue el entrenamiento físico de manos, pero no uno que demanda habilidades de experto musical sino aquellos que proveen a la maduración física y les preparan para adquirir progresivamente habilidades musicales más formales.

Es decir, se entrenan sus oídos, su vista, sus voces, sus manos; de hecho Charlotte Mason asentía en que los niños echarán mano por sí mismos al arte como otra forma de encontrar deleite en él, en otras palabras, que pintaran, cantaran, dibujaran, tocaran, etc.; esto les prepara para la siguiente etapa en una transición orgánica y gradual. Ella definitivamente recomendó a los padres en su volumen 1 que, <<los niños deben ser entrenados por un oído experto en ejercicios de voz y audición para producir y distinguir tonos musicales e intervalos.>>

Cuanto mayor es la experiencia del niño y cuánto más material disponga para experimentar, mayor será su probabilidad de descubrir las leyes naturales a las que se denomina teoría musical. Esto es, el oído debe estar satisfecho con el sonido antes de presentarle el símbolo o nota para su estudio formal.

Parafraseando un poco a la Sra. Spencer Curwen en Parent’s Review, la etapa instrumental debe ser cuidadosamente vigilada por la madre, aun sin ser experta o contar con conocimientos musicales, en poner a su hijo en manos de alguien que le esta educando musicalmente y no solo le esta enseñando a tocar piezas musicales, y el resultado de esto es el poder independiente que desarrolla el estudiante al dominar los símbolos en cualquier nueva combinación musical.

El tiempo sugerido para esta etapa instrumental, según la filosofía de Charlotte Mason, es después de los 6 años de edad, tiempo en que el niño ha adquirido esta relación natural con la música, en que ha obtenido también una experiencia echando mano al arte sin mayor exigencia que su deleite y una maduración física de la que no es consciente, y donde ha entrenamiento sus oídos, su voz, su vista y sus manos; de toda su previa experiencia el puede deducir la teoría musical y que mejor que en compañía de un experto en música.

En la entrevista realizada a Claudia Zepeda, quien dirige el ministerio musical “Nuevo Canto” y fundadora de la “Casita Musical”, quien además de todo ha creado métodos musicales para estimulación temprana e iniciación musical, nos dio importantes consejos que resumo en este apartado de cierre. Espero como siempre que este artículo dé algo de luz sobre este importante aspecto a considerar en la educación y formación de nuestros hijos y estudiantes.

CONSEJOS PRÁCTICOS DE UNA EXPERTA

  • Empezar cantando.
  • Adquirir música que despierte interés en el niño y permita al cerebro asimilar un acervo literario musical (siendo cuidadosos de elegir música correcta y apropiada, más adelante sus consejos sobre elección de música).
  • Cantar como una actividad cotidiana (por ejemplo, cantar himnos cristianos como parte del culto familiar)
  • Comenzar desde bebés con una disciplina de música (constancia, calidad musical, es decir establecer un hábito musical dentro del hogar).
  • Recomendable que su acompañamiento se dé intencional de la mano de un experto en música (sobretodo para etapas donde ya creo una relación propia con la música).
  • Un consejo clave para la elección de música es buscar un equilibrio entre estos tres elementos de la música -melodía, armonía y ritmo-. La melodía es lo más fácil de recordar, es la esencia de la canción y lo que la hace reconocible, tiene un componente cultural muy fuerte y una dimensión fundamentalmente horizontal, con eventos sucesivos en el tiempo, combinando ritmo y altura tonal, por ejemplo el uso de una flauta bien afinada y ejecutada como lo antes dicho. La armonía es eminentemente vertical cumple la función de acompañamiento, armazón y base de las melodías, por ejemplo un acorde y su cadencia. El ritmo es la parte dinámica, organizativa y repetitiva de la música, fue utilizada por los primeros seres humanos golpeando elementos naturales, y el compás es su unidad fundamental; aquí nos recomienda que su participación no sea predominante (ejemplo: los instrumentos de percusión como la bateria). ***Música recomendada para incrementar el acervo literario musical de nuestros hijos: Orquestal, sinfonías, música clásica, corales.
  • Música para familiarizar a nuestros hijos con su contexto geográfico inmediato (México): Raspa, rondas, música chiapaneca, huapangos, mariachi, etc.

Definitivamente les debemos un entorno enriquecido y una consciencia despierta y preparada. Aquí puedes ver nuestra entrevista a Claudia Zepeda.

Deja un comentario