filosofĂa educativa
<< La educaciĂłn es un ambiente, una disciplina, una vida. >>
Charlotte Mason
Âť Creemos que estos tres son los Ăşnicos instrumentos de los que podemos hacer un uso legĂtimo para la crianza de los hijos.ÂťÂ
ÂŤLas funciones de la educaciĂłn se pueden definir en tĂŠrminos generales como dos: (a) la formaciĂłn de hĂĄbitos; (b) la presentaciĂłn de ideas. La primera depende mĂĄs de lo que reconocemos de procesos fisiolĂłgicos. La segunda es puramente espiritual en origen, mĂŠtodo y resultadoÂť.Â
Charlotte Mason
Volumen I EducaciĂłn en el hogar
CĂłdigo Educativo en los Evangelios
ÂŤPuede sorprender a los padres que no han prestado mucha atenciĂłn al tema descubrir tambiĂŠn un cĂłdigo de educaciĂłn en los Evangelios, expresamente establecido por Cristo. Esta resumido en tres mandamientos, y los tres tienen un carĂĄcter negativo, como si lo principal que se exigiera de los adultos fuera que no hicieran ningĂşn tipo de daĂąo a los niĂąos: Cuidaos de no OFENDER- no DESPRECIAR- no OBSTACULIZAR a uno de estos pequeĂąosÂť. ÂŤPorque si una vez establecemos con nosotros mismos lo que no podemos hacer, nos ayudarĂĄ mucho a ver lo que podemos hacer, y debemos hacer.Âť
<< âDe los tales es el reino de los cielosâ. âA menos que seĂĄis como niĂąos pequeĂąos, no entrarĂŠis en el reino de los cielosâ. âÂżQuiĂŠn es el mayor en el reino de los cielos?â âY llamĂł a un niĂąo y lo puso en medio de ellosâ. He aquĂ la valoraciĂłn divina de la condiciĂłn del niĂąo. Vale la pena que los padres reflexionen cada enunciado de los Evangelios sobre los niĂąos, despojĂĄndose de la nociĂłn de que estos dichos son referentes, en primer lugar, a las personas adultas que se han convertido en niĂąos pequeĂąos. >>Â
Charlotte Mason, Vol. 1
Ofender a los niĂąos
<< Los ofendemos, cuando hacemos por ellos lo que no debimos haber hecho; los despreciamos, cuando dejamos de hacer esas cosas que, por su bien, deberĂamos haber hecho.
Los padres pueden ofender a sus hijos haciendo caso omiso de las leyes sanitarias. AsĂ mismo la vida intelectual y moral del niĂąo puede destruirse desde su origen por nuestra causa. >> Vol. 1
Menospreciar a los niĂąos
<< El diccionario define menospreciar como desestimar y tener en poco; y, de hecho, por mucho que nos deleitemos en los niĂąos, los adultos tenemos una opiniĂłn demasiado baja de ellos. Si la madre no mirara en menos a su hijo, Âżlo dejarĂa acaso en compaĂąĂa de una persona sin preparaciĂłn durante sus primeros aĂąos de vida, cuando toda su naturaleza, tal como el lente sensible del fotĂłgrafo, estĂĄ recibiendo impresiones indelebles a cada momento? >> Vol.1
obstaculizar a los niĂąos
<< La forma mĂĄs fatal de menospreciar a los niĂąos se encuentra en la tercera ley educativa de los Evangelios, y consiste en pasar por alto y tomar a la ligera la relaciĂłn natural del niĂąo con Dios todopoderoso. âDejad a los niĂąos venid a mĂâ, dice el Salvador, como si fuera algo natural para los niĂąos, lo que ellos hacen cuando sus mayores no se lo impiden.>> Vol.1
<< Los ofendemos, cuando hacemos por ellos lo que no debimos haber hecho; los despreciamos, cuando dejamos de hacer esas cosas que, por su bien, deberĂamos haber hecho.
Los padres pueden ofender a sus hijos haciendo caso omiso de las leyes sanitarias. AsĂ mismo la vida intelectual y moral del niĂąo puede destruirse desde su origen por nuestra causa. >> Vol. 1
VOLUMEN I EDUCACIĂN EN EL HOGAR
El mĂŠtodo de toda educaciĂłn debe ser regulado bajo la pauta de una LEY.
ÂŤ(…) toda seguridad, progreso y ĂŠxito en la vida proviene de la obediencia a la ley, a las leyes de las ciencias mentales, morales o fĂsicas, o a aquella ciencia espiritual que la Biblia presenta; que es posible comprender las leyes y obedecer las leyes sin reconocer al Dador de la ley, y que quienes comprenden y obedecen cualquier ley divina heredan la bendiciĂłn que procede de la obediencia, independientemente de su actitud hacia el Dador de la ley, igual que el hombre se abriga al calor del sol abrazador, aunque cierre sus ojos y se niegue a mirar el sol.Âť Vol.1, Parte VII
LEYES Y PRINCIPIOS
<< Se ha dicho que la mejor idea que podemos formarnos de la verdad absoluta es que es viable cumplir todas las condiciones por las que puede ser probada. Esto es lo que debemos esperar de nuestra ley: que satisfaga todas las pruebas de experimentaciĂłn y todas las pruebas de investigaciĂłn racional. >> Vol.2
 << Mi esfuerzo en ĂŠste y en los siguientes volĂşmenes de la serie serĂĄ esbozar a grandes rasgos un mĂŠtodo educativo que, basĂĄndose en el fundamento de la ley natural, pueda esperar, sin jactancia, heredar la bendiciĂłn divina. Cualquier borrador que yo pueda ofrecer en esta breve brĂşjula estĂĄ obligado a ser muy imperfecto y muy incompleto; pero un trazado por aquĂ y otro por allĂĄ pueden ser suficientes para dar a los padres inteligentes lĂneas de pensamiento provechosas en relaciĂłn con la educaciĂłn de sus hijos. >> Vol.1
La base de pensamiento unificadora descansa sobre la premisa de que el niùo es persona, con todas las posibilidades y capacidades incluidos en su personalidad. VOL.2
ÂżmĂŠtodo o sistema?
<< Sostenemos que cosas importantes, como la naturaleza, la vida y la educación, estån encerradas, confinadas cuando se sistematizan en exceso. Tenemos un mÊtodo de educación, es cierto, pero este mÊtodo no es mås que un camino hacia un fin, y es tan libre, flexible y adaptable como la propia Naturaleza. El mÊtodo sigue algunas leyes fundamentales según las cuales los detalles se ajustan naturalmente, de la misma manera en que uno ajusta su comportamiento al reconocer la ley de que el fuego quema. En contraste, el sistema cuenta con innumerables reglas e instrucciones sobre lo que se debe hacer y cómo se debe hacer. El mÊtodo educativo sigue humildemente a la Naturaleza, se aparta y le concede espacio. >>
Charlotte Mason, Volumen 2
Citas extraĂdas Vol. 1 de Serie educativa Charlotte Mason. TraducciĂłn de MarĂa Elena Ortiz / Johanna PĂŠrez Ray.
20 Principios Educativos
ÂŤLo que se nos da en esta vida son principios: principios amplios y trascendentes que nos dan un marco para ordenar nuestra conducta, nuestra crianza de los hijos y nuestros esfuerzos educativos. La seĂąorita Mason nos dice que hay unos pocos (sĂłlo unos pocos) principios trascendentes que, si los respetamos, darĂĄn forma a nuestros esfuerzos educativos y tenderĂĄn a lograr resultados saludables.Âť
Karen Glass
Principios Explicados
ÂŤLos niĂąos nacen personasÂť. A primera vista, puede parecer una afirmaciĂłn obvia para aquellos que se adentran en la pedagogĂa con expectativas radicales, pero su significado es mucho mĂĄs profundo de lo que parece.<br>
En su esencia, esta afirmaciĂłn implica atribuirles a los niĂąos una dignidad inherentemente divina. Al ser creados a imagen y semejanza de Dios, se revela una necesidad que trasciende las limitaciones impuestas por un enfoque educativo puramente institucional. Se trata de una educaciĂłn que abarca la totalidad del ser humano: que reconoce su origen, educĂĄndolo para el presente y el futuro, asĂ como para la eternidad.<br>
Los niĂąos poseen capacidades innatas, integradas en su ser desde el momento de su nacimiento. A travĂŠs de estas capacidades, adquieren conocimiento y establecen relaciones de manera natural y personal.
Âżđ¤đđ˛Ě đ°đŽđşđŻđśđźđ đđ˛ đđśđđđŽđšđśđđŽđżđźđť đ˛đť đşđś đľđźđ´đŽđż đąđ˛đđ˝đđ˛Ěđ đąđ˛ đśđťđđ˛đ´đżđŽđż đ˛đđđ˛ đ˝đżđśđťđ°đśđ˝đśđź? Creo que si puedo describir con dos palabras que cambiĂł en mi pensamiento y prĂĄctica despuĂŠs de esto serĂan: đđťđđ˛đťđ°đśđźđťđŽđšđśđąđŽđą đ đđźđťđłđśđŽđťđđŽ. La đđťđđ˛đťđ°đśđźđťđŽđšđśđąđŽđą para cultivar las afinidades de mis hijos, especialmente hacia Dios y su propĂłsito, que definitivamente les confiere significado a sus vidas. La đđźđťđłđśđŽđťđđŽ que me permitiĂł respetar sus ritmos de aprendizaje, sus formas de absorber el conocimiento y sus relaciones con ĂŠl, evitando imponer elementos que no enriquezcan su carĂĄcter.
ÂŤEl niĂąo es una persona en la que estĂĄn presentes todas las posibilidades – presentes ahora, en este mismo momento – no para ser educado despuĂŠs de aĂąos y mĂşltiples esfuerzos por parte del educador; pero en verdad es una cosa mayor dirigir y utilizar esta riqueza de poder espiritual que desarrollar las llamadas facultades del niĂąo. Nunca se insistirĂĄ bastante en que nuestra educaciĂłn de los niĂąos dependerĂĄ, nolens volens (y negarse a voluntariamente), de la concepciĂłn que nos formemos de ellos. Si los consideramos como instrumentos aptos y capaces para llevar a cabo el propĂłsito divino en el progreso del mundo, nos esforzaremos por discernir los signos de los tiempos, percibir en quĂŠ direcciones estamos siendo conducidos, y preparar a los niĂąos para llevar adelante la obra del mundo, dĂĄndoles ideas vitalizadoras, concernientes, al menos, a algunos departamentos de esa obra.Âť Charlotte Mason, Vol. 2 Cap. 24
Me atrevo a decir que este principio resuena como alerta para aquellos que estamos convencidos del pecado original, pues sabemos que la humanidad hereda la naturaleza pecaminosa de AdĂĄn y Eva a travĂŠs de la desobediencia original en el JardĂn del EdĂŠn. Si puede existir una acusaciĂłn a la propuesta educativa de Charlotte Mason, me atrevo a decir que es por una comprensiĂłn inexacta de este principio.
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ImagĂnate vivir en la Ăpoca Victoriana, cambiante en concepciones religiosas, psicolĂłgicas y filosĂłficas que impactaban directamente sobre los mĂŠtodos educativos. Si algo me puede resonar es la frase empleada por la Srita. Mason âđŠđśđđśđşđźđ đ˝đźđż đšđŽ đ˛đđ˝đ˛đżđŽđťđđŽâ. ÂżCĂłmo afectarĂa el trato del niĂąo pensar en la fatalidad de su destino bajo la premisa de ser una criatura caĂda, incapaz de hacer el bien y condenada a la destrucciĂłn, considerando ademĂĄs dos factores que anticipaban su destino: su herencia y su posiciĂłn social y econĂłmica? đŹđđđđđđđ đˇđđ
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đđ đđđ đđ đđđđ đ đđđđ đđđđđđđđ.
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Charlotte Mason no negĂł la existencia del pecado ni la necesidad de la gracia divina para la redenciĂłn espiritual, pero su enfoque fue en esencia educativo, se centrĂł en la responsabilidad humana y en la importancia de la educaciĂłn como medio para cultivar virtudes y valores morales en los individuos.
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Como educadores, reconocemos la existencia de una naturaleza pecaminosa en el niĂąo. Sin embargo, tambiĂŠn asumimos la responsabilidad de guiarlos, corregirlos y fomentar su crecimiento moral y ĂŠtico, siguiendo la exhortaciĂłn de Efesios 6:2 ÂŤđ đđđđđđđđ, đđđ
đđđ, đđ đđđđđđđđĚđđ đ đđđ đ đđđđđđđđ đđđđđ, đđđđ đđđđđ
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đđ đşđđĚđđÂť. A travĂŠs de la educaciĂłn, los padres buscamos ayudarles a reconocer el pecado, a discernir la verdad y rechazar falacias, a cultivar su conciencia, y a ser sensibles y conscientes de su condiciĂłn caĂda y su necesidad de un Salvador. Aunque la responsabilidad humana no implica salvarse por voluntad propia, ya que el hombre estĂĄ incapacitado para lograr la salvaciĂłn por sus propios medios, đđśĚ đ°đźđťđšđšđ˛đđŽ đšđŽ đ°đŽđ˝đŽđ°đśđąđŽđą đąđ˛ đđźđşđŽđż đąđ˛đ°đśđđśđźđťđ˛đ đşđźđżđŽđšđ˛đ đ đ˛đđ˝đśđżđśđđđŽđšđ˛đ, đŽđđśĚ đ°đźđşđź đ˛đťđłđżđ˛đťđđŽđż đšđŽđ đ°đźđťđđ˛đ°đđ˛đťđ°đśđŽđ đąđ˛ đđđ đŽđ°đđźđ đŽ đšđź đšđŽđżđ´đź đąđ˛ đđ đđśđąđŽ. En las Escrituras encontramos ejemplos de personas que optan tanto por el bien como por el mal, siendo responsables ante Dios por sus acciones.
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Su propuesta se basa en reconocer la importancia de nutrir las inclinaciones positivas de los seres humanos, mientras se mantiene una perspectiva de dependencia de la gracia divina para la transformaciĂłn y la salvaciĂłn. La educaciĂłn se considera un medio a travĂŠs del cual la gracia divina puede obrar en la vida de los estudiantes, guiĂĄndolos hacia una vida virtuosa y una relaciĂłn mĂĄs profunda con Dios.
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đ đđ đđđđ đđđđđ đđ đđđđđđđđđđđđ đ đđ đđđđđđđđđđđđ.
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Dos principios que se sujetan de la mano para conducirnos a una interesante y necesaria reflexiĂłn: La importancia de la Autoridad y la Obediencia como parte fundamental de las relaciones humanas, especialmente en el contexto de la crianza y educaciĂłn.
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âđđ đ°đłđĽđŚđŻ đŚđ´ đđ˘ đąđłđŞđŽđŚđłđ˘ đđŚđş đĽđŚđ đ¤đŞđŚđđ° đş đŚđ đ°đłđĽđŚđŻ đŚđ´ đŚđ đłđŚđ´đśđđľđ˘đĽđ° đĽđŚ đđ˘ đ˘đśđľđ°đłđŞđĽđ˘đĽ.Âť đđŠđ˘đłđđ°đľđľđŚ đđ˘đ´đ°đŻ
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Somos parte del orden divino al establecer nuestros roles de autoridad en casa, y nuestros hijos lo son tambiĂŠn al mostrarse obedientes a la autoridad.
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đđŞđŤđ°đ´, đ°đŁđŚđĽđŚđťđ¤đ˘đŻ đ˘ đ´đśđ´ đąđ˘đĽđłđŚđ´ đ¤đ°đŽđ° đ˘đ¨đłđ˘đĽđ˘ đ˘đ đđŚđŻĚđ°đł, đąđ°đłđ˛đśđŚ đŚđ´đľđ° đŚđ´ đŤđśđ´đľđ°. đđ đąđłđŞđŽđŚđł đŽđ˘đŻđĽđ˘đŽđŞđŚđŻđľđ° đ˛đśđŚ đ¤đ°đŻđľđŞđŚđŻđŚ đśđŻđ˘ đąđłđ°đŽđŚđ´đ˘ đŚđ´ đŚĚđ´đľđŚ: ÂŤđđ°đŻđłđ˘ đ˘ đľđś đąđ˘đĽđłđŚ đş đ˘ đľđś đŽđ˘đĽđłđŚ, đąđ˘đłđ˘ đ˛đśđŚ đ´đŚđ˘đ´ đ§đŚđđŞđť đş đˇđŞđˇđ˘đ´ đśđŻđ˘ đđ˘đłđ¨đ˘ đˇđŞđĽđ˘ đŚđŻ đđ˘ đľđŞđŚđłđłđ˘. đđ§đŚđ´đŞđ°đ´ đ¨:đŁ-đĽ
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Pero ambos principios nos invitan a considerar que los niĂąos son seres con personalidad propia y con una dignidad inherente. Que nuestro trato y autoridad deben mostrarse respetuosos y sensibles en su aplicaciĂłn.
âď¸Debemos tener cuidado de đ§đ¨ đŽđŹđđŤ đđĽ đŚđ˘đđđ¨ para conseguir su obediencia, los lĂmites deben estar marcados por la ley moral de Dios, que es superior a nosotros. ÂŤđđ˘ đ˘đśđľđ°đłđŞđĽđ˘đĽ đ§đśđŻđ¤đŞđ°đŻđ˘ đąđ°đł đąđłđŞđŻđ¤đŞđąđŞđ°đ´, đŻđ° đąđ°đł đłđŚđ¨đđ˘đ´Âť đđŠđ˘đłđđ°đľđľđŚ đđ˘đ´đ°đŻ, đđ°đ.đđđ
âď¸đđźđťđąđśđ°đśđźđťđŽđż đ˛đš đŽđłđ˛đ°đđź đľđŽđđđŽ đžđđ˛ đľđŽđđŽ đźđŻđ˛đąđśđ˛đťđ°đśđŽ, al decir cosas como ÂŤTe quiero solo si te portas bienÂť …Âťđđ đđđĚđ đđ đđ˘đđđ đĄđđđđ đ˘đ đ đđđĄđđđ đđ˘đđđđđđ đđđ đđđđđ âđđ đĄđ đđ˘đ đđđĄđđ đđ đđđđĄđđđĄđ đđđ đ˘đđ đ´đ˘đĄđđđđđđ đđ˘đđđđđ, đđ˘đ đđ đđ đđ˘đđđĄđ đđ đđ đđđŚ đŚ đđ˘đŚđ đđđđđđ đđđđŁđđđđĄđ đđ đđđđđ đđ đđđđđđĚđ. Âť đśâđđđđđĄđĄđ đđđ đđ, đđđ.đźđźđź
âď¸đđŚđŠđ¨đ§đđŤ đ§đŽđđŹđđŤđđŹ đ˘đđđđŹ đđĽ đ§đ˘đ§Ěđ¨ para que tome ciertas decisiones o se comporte de cierta manera, sin que este desarrolle su propia autonomĂa y criterio. ÂŤđđđ đđ đĄđđđĄđ, đ đ đđđđ đđđ đđĚđđ đ đđđ đđđĚđđ , đ đđđđđđ đđ˘đ đđđđđđ§đđ đđ đđđđ˘đđđ§ đ đ˘đđđđđđđĄđ đđđđ đđđđđđđđđđ đĄđđ đđđ đđĚđđđ§đ, đđ˘đ đđ đđđđđđđđđ đđđ đđđđ đđđđđđđđ đđ˘đ đđđđđ đ đđđđ đđđđđ đđđđ đđđđ đđđđ đđ đđ đđđđđĄđđđđĚđ đ đđ đđđâđđ§đ đđ đđđ đđđđđ . đđđđ đđŚđ˘đđđđđđ đđ đđ đĄđ đđđđđđđĚđ, đđđ đđđđđ đđđđđđđđđđ đđ đđđđđ˘đđĄđ đŚ đ˘đđ đđđđđđ đđđđ đđ đđđđđđđđđđđĄđđ đđđđđ˘đđđđ đđđđ đđđđđ .Âť đśâđđđđđĄđĄđ đđđ đđ
âď¸No debemos manipular sus deseos naturales para obtener su obediencia, ignorar sus intereses, sentimientos y opiniones, ni utilizar chantajes y amenazas que comprometan su dignidad, autonomĂa y bienestar emocional. Es nuestro deber, nuestro llamado y nuestro oficio principal, ser buenos representantes de Dios en la vida de nuestros hijos.
ÂŤđđ đ¨đđđđ˘đđ§đđ˘đ đđŹ đđđŹđ¨đĽđŽđđđŚđđ§đđ đđŹđđ§đđ˘đđĽ đŠđđŤđ
đđĽ đđŽđđ§ đ đ¨đđ˘đđŤđ§đ¨ đđ đđ¨đđ đđđŚđ˘đĽđ˘đ.Âť đđ¨đĄđ§ đ.đ. đđđđ¨đđ
En el volumen II ÂŤđđ˘đĽđłđŚđ´ đŚ đđŞđŤđ°đ´Âť de la reformadora educativa Charlotte Mason, encontramos varias referencias al autor Mathew Arnold, quiĂŠn consiguiera definir acertadamente lo que entendemos por educaciĂłn, ya que la palabra, en su sentido gramatical original, se queda corta en relaciĂłn con lo que debiera ser.
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Ăl dijo: ÂŤđđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đđť đŽđşđŻđśđ˛đťđđ˛, đđťđŽ đąđśđđ°đśđ˝đšđśđťđŽ, đđťđŽ đđśđąđŽÂť, cita compatible con el pensamiento de Charlotte Mason, quien consiguiĂł desarrollarla, a lo largo de sus volĂşmenes, para mostrar que la educaciĂłn debe nutrir todas las facetas del niĂąo, algo que desde luego tiene resonancia con los actuales y no tan actuales descubrimientos sobre el comportamiento de la mente.
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ÂŤđ˘đŻđđ˛đżđđ˛đşđźđ đ°đźĚđşđź (đđ˘đľđŠđŚđ¸ đđłđŻđ°đđĽ) đŽđŻđźđżđąđŽ đšđŽ đ°đđ˛đđđśđźĚđť đąđ˛đđąđ˛ đšđźđ đđżđ˛đ đ˝đđťđđźđ đąđ˛ đđśđđđŽ đ°đźđťđ°đ˛đŻđśđŻđšđ˛đ. đŚđđŻđˇđ˛đđśđđŽđşđ˛đťđđ˛, đ˛đť đ˛đš đťđśđťĚđź, đšđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đđťđŽ đđśđąđŽ; đźđŻđˇđ˛đđśđđŽđşđ˛đťđđ˛, đ˛đť đđ đśđşđ˝đŽđ°đđź đ˛đť đ˛đš đťđśđťĚđź, đšđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đđťđŽ đąđśđđ°đśđ˝đšđśđťđŽ; đ đ˛đť đżđ˛đšđŽđ°đśđźĚđť đ°đźđť đ˛đš đ˛đťđđźđżđťđź đąđ˛đš đťđśđťĚđź, đšđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đđťđŽ đŽđđşđźĚđđłđ˛đżđŽ.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť.
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LA EDUCACIĂN COMO UNA ATMĂSFERA (AMBIENTE). đđť đżđ˛đšđŽđ°đśđźĚđť đ°đźđť đ˛đš đ˛đťđđźđżđťđź đąđ˛đš đťđśđťĚđź. Esta atmĂłsfera rodea al niĂąo: su hogar, su comunidad, su cultura, e influye directamente sobre la forma en que el niĂąo percibe el mundo, formando con ello su propia identidad. Ella proponĂa que el ambiente debĂa estar compuesto de belleza, virtud y verdad. ÂŤÂżđđźĚđşđź đđ˛ đśđşđ˝đŽđżđđśđżđŽĚđť đ˛đđđŽđ đśđąđ˛đŽđ đśđťđąđ˛đłđśđťđśđąđŽđ đžđđ˛ đđ˛ đşđŽđťđśđłđśđ˛đđđŽđť đ˛đť đ˛đš đŽđ˝đ˛đđśđđź? đĄđź đąđ˛đŻđ˛đť đąđŽđżđđ˛ đ°đźđť đđť đ˝đżđźđ˝đźĚđđśđđź đąđ˛đđ˛đżđşđśđťđŽđąđź, đťđś đđźđşđŽđżđđ˛ đ˛đť đşđźđşđ˛đťđđźđ đąđ˛đđ˛đżđşđśđťđŽđąđźđ. đŚđ˛ đşđŽđťđđśđ˛đťđ˛đť đ˛đť đ˛đđ˛ đŽđşđŻđśđ˛đťđđ˛ đąđ˛ đ˝đ˛đťđđŽđşđśđ˛đťđđź đžđđ˛ đżđźđąđ˛đŽ đŽđš đťđśđťĚđź đ°đźđşđź đđťđŽ đŽđđşđźĚđđłđ˛đżđŽ, đžđđ˛ đ˛Ěđš đżđ˛đđ˝đśđżđŽ đ°đźđşđź đđ đŽđšđśđ˛đťđđź đąđ˛ đđśđąđŽ; đ đ˛đđđŽ đŽđđşđźĚđđłđ˛đżđŽ đ˛đť đšđŽ đžđđ˛ đ˛đš đťđśđťĚđź đśđťđđ˝đśđżđŽ đđđ đśđąđ˛đŽđ đśđťđ°đźđťđđ°đśđ˛đťđđ˛đ đąđ˛ đđśđđśđż đŻđśđ˛đť, đ˛đşđŽđťđŽ đąđ˛ đđđ đ˝đŽđąđżđ˛đ. đđŽđąđŽ đşđśđżđŽđąđŽ đąđ˛ đąđđšđđđżđŽ đ đđźđťđź đąđ˛ đżđ˛đđ˛đżđ˛đťđ°đśđŽ, đ°đŽđąđŽ đ˝đŽđšđŽđŻđżđŽ đąđ˛ đŻđźđťđąđŽđą đ đŽđ°đđź đąđ˛ đŽđđđąđŽ, đ˝đŽđđŽ đŽđš đ˛đťđđźđżđťđź đąđ˛đš đ˝đ˛đťđđŽđşđśđ˛đťđđź, đšđŽ đŽđđşđźĚđđłđ˛đżđŽ đşđśđđşđŽ đžđđ˛ đżđ˛đđ˝đśđżđŽ đ˛đš đťđśđťĚđź; đ˛Ěđš đťđź đ˝đśđ˛đťđđŽ đ˛đť đ˛đđđŽđ đ°đźđđŽđ, đ˝đđ˛đąđ˛ đžđđ˛ đťđđťđ°đŽ đ˝đśđ˛đťđđ˛ đ˛đť đ˛đšđšđŽđ, đ˝đ˛đżđź đąđđżđŽđťđđ˛ đđźđąđŽ đđ đđśđąđŽ đ˛đ
đ°đśđđŽđť đ˛đđŽ ÂŤđđŽđ´đŽ đŽđ˝đ˛đđ˛đťđ°đśđŽ đ˝đźđż đŽđšđ´đźÂť đąđ˛ đšđŽ đžđđ˛ đŻđżđźđđŽđť đšđŽ đşđŽđđźđżđśĚđŽ đąđ˛ đđđ đŽđ°đ°đśđźđťđ˛đ.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť, (đŠđ˘đ. đŽ, đŁđĚđ đŻđ˛)
Es lamentable pensar en una escolarizaciĂłn que se aleja de entender que la ÂŤđđąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đđť đŽđşđŻđśđ˛đťđđ˛Âť, que este ambiente que rodea y envuelve a niĂąo tiene los componentes necesarios para su educaciĂłn.
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La tendencia continĂşa siendo la misma: encerrar a los niĂąos en entornos cuidadosamente controlados que ahogan sus posibilidades de interactuar de forma orgĂĄnica con las experiencias reales de la vida.
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En ese tipo de entorno, los niĂąos corren el riesgo de ver severamente afectadas sus capacidades y potencial de crecimiento, al privĂĄrseles de la riqueza existente en su contexto: hogar, comunidad, la naturaleza que lo rodea y las interacciones con las personas que lo cuidan y lo rodean.
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Ahora somos conscientes de que un ambiente fabricado artificialmente resulta en empobrecimiento cognitivo, emocional y social que tendrĂĄ desde luego consecuencias en la comprensiĂłn que el niĂąo tiene sobre el mundo en el que vive.
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Estoy convencida de que este principio nos insta a reflexionar sobre lo verdaderamente fundamental: los recursos educativos para los niĂąos ya se encuentran a su disposiciĂłn en su entorno. ÂżCĂłmo podemos aplicar este principio de forma eficaz sin caer en la simplificaciĂłn que no busca enriquecer o en la rigidez que se conforma con seguir algunas reglas especĂficas en la educaciĂłn?
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<< đŚđźđđđ˛đťđ˛đşđźđ đžđđ˛ đ°đźđđŽđ đśđşđ˝đźđżđđŽđťđđ˛đ, đ°đźđşđź đšđŽ đťđŽđđđżđŽđšđ˛đđŽ, đšđŽ đđśđąđŽ đ đšđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť, đ˛đđđŽĚđť ÂŤđ˛đťđ°đ˛đżđżđŽđąđŽđ, đ°đźđťđłđśđťđŽđąđŽđÂť đ°đđŽđťđąđź đđ˛ đđśđđđ˛đşđŽđđśđđŽđť đ˛đť đ˛đ
đ°đ˛đđź. đ§đ˛đťđ˛đşđźđ đđť đşđ˛Ěđđźđąđź đąđ˛ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť, đ˛đ đ°đśđ˛đżđđź, đ˝đ˛đżđź đ˛đđđ˛ đşđ˛Ěđđźđąđź đťđź đ˛đ đşđŽĚđ đžđđ˛ đđť đ°đŽđşđśđťđź đľđŽđ°đśđŽ đđť đłđśđť, đ đ˛đ đđŽđť đšđśđŻđżđ˛, đłđšđ˛đ
đśđŻđšđ˛ đ đŽđąđŽđ˝đđŽđŻđšđ˛ đ°đźđşđź đšđŽ đ˝đżđźđ˝đśđŽ đĄđŽđđđżđŽđšđ˛đđŽ. đđš đşđ˛Ěđđźđąđź đđśđ´đđ˛ đŽđšđ´đđťđŽđ đšđ˛đđ˛đ đłđđťđąđŽđşđ˛đťđđŽđšđ˛đ đđ˛đ´đĚđť đšđŽđ đ°đđŽđšđ˛đ đšđźđ đąđ˛đđŽđšđšđ˛đ đđ˛ đŽđˇđđđđŽđť đťđŽđđđżđŽđšđşđ˛đťđđ˛, đąđ˛ đšđŽ đşđśđđşđŽ đşđŽđťđ˛đżđŽ đ˛đť đžđđ˛ đđťđź đŽđˇđđđđŽ đđ đ°đźđşđ˝đźđżđđŽđşđśđ˛đťđđź đŽđš đżđ˛đ°đźđťđźđ°đ˛đż đšđŽ đšđ˛đ đąđ˛ đžđđ˛ đ˛đš đłđđ˛đ´đź đžđđ˛đşđŽ. đđť đ°đźđťđđżđŽđđđ˛, đ˛đš đđśđđđ˛đşđŽ đ°đđ˛đťđđŽ đ°đźđť đśđťđťđđşđ˛đżđŽđŻđšđ˛đ đżđ˛đ´đšđŽđ đ˛ đśđťđđđżđđ°đ°đśđźđťđ˛đ đđźđŻđżđ˛ đšđź đžđđ˛ đđ˛ đąđ˛đŻđ˛ đľđŽđ°đ˛đż đ đ°đźĚđşđź đđ˛ đąđ˛đŻđ˛ đľđŽđ°đ˛đż. đđš đşđ˛Ěđđźđąđź đ˛đąđđ°đŽđđśđđź đđśđ´đđ˛ đľđđşđśđšđąđ˛đşđ˛đťđđ˛ đŽ đšđŽ đĄđŽđđđżđŽđšđ˛đđŽ, đđ˛ đŽđ˝đŽđżđđŽ đ đšđ˛ đ°đźđťđ°đ˛đąđ˛ đ˛đđ˝đŽđ°đśđź. >>
đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť, đŠđźđšđđşđ˛đť đđ
ÂŤđđš đľđ˛đ°đľđź đ˛đ đžđđ˛ đşđđ°đľđźđ đąđ˛ đťđźđđźđđżđźđ đťđź đ°đżđ˛đ˛đşđźđ đ˛đť đšđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť, đ˛đ
đ°đ˛đ˝đđź đ˛đť đšđŽ đşđ˛đąđśđąđŽ đ˛đť đžđđ˛ đđśđ´đťđśđłđśđžđđ˛ đšđŽ đŽđąđžđđśđđśđ°đśđźĚđť đąđ˛ đđťđŽ đ°đśđ˛đżđđŽ đ°đŽđťđđśđąđŽđą đąđ˛ đ°đźđťđźđ°đśđşđśđ˛đťđđź; đ˝đ˛đżđź đšđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đžđđ˛ đąđ˛đŻđ˛ đđżđŽđđŽđż đ°đđżđŽđđśđđŽ đ đşđ˛đđźĚđąđśđ°đŽđşđ˛đťđđ˛ đ°đŽđąđŽ đąđ˛đłđ˛đ°đđź đąđ˛ đ°đŽđżđŽĚđ°đđ˛đż đťđź đ˛đťđđżđŽ đ˛đť đťđđ˛đđđżđź đ˛đđžđđ˛đşđŽ đąđ˛ đ°đźđđŽđ đ˝đźđđśđŻđšđ˛đ. đĄđŽđąđŽ đşđ˛đťđźđ đžđđ˛ đ˛đđđź đ˛đ đšđź đžđđ˛ đžđđ˛đżđ˛đşđźđ đąđ˛đ°đśđż đ°đđŽđťđąđź đąđ˛đ°đśđşđźđ đžđđ˛ đšđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đđťđŽ đąđśđđ°đśđ˝đšđśđťđŽ.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
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Una verdadera aportaciĂłn a este campo, es reconocer que un tercio de la educaciĂłn del niĂąo la constituyen los hĂĄbitos. No es solo el contenido acadĂŠmico que se transmite, de forma intencional al educando, si no tambiĂŠn esos hĂĄbitos de pensamiento, de conducta y vida que crecen a la par del niĂąo.
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Esta dicho que cada persona es la suma de sus hĂĄbitos, y que la suma de nuestros hĂĄbitos conforman nuestro carĂĄcter.
ÂŤđđ đđźđšđź đ˛đš đ°đŽđżđŽĚđ°đđ˛đż (âŚ) đšđź đžđđ˛ đąđ˛đ°đśđąđ˛ đ˛đš đšđđ´đŽđż đąđ˛ đđť đđ˛đż đľđđşđŽđťđź đ˛đť đ˛đđđ˛ đşđđťđąđź đź đ˛đť đ°đđŽđšđžđđśđ˛đż đźđđżđź. đŚđźđšđź đ˝đźđż đ˛đš đ°đŽđżđŽĚđ°đđ˛đż đ˝đđ˛đąđ˛ đđť đľđźđşđŻđżđ˛ đşđźđđ˛đż đđ đ°đśĚđżđ°đđšđź đ˝đŽđżđđśđ°đđšđŽđż đąđ˛đš đşđđťđąđź đ˛đ
đđ˛đżđśđźđż, đđźđšđź đ˝đźđż đ˛đš đ°đŽđżđŽĚđ°đđ˛đż đ˝đđ˛đąđ˛ đ´đźđŻđ˛đżđťđŽđż đđ đ˝đżđźđ˝đśđź đ˛đđ˝đśĚđżđśđđ. đđš đđŽđšđ˛đťđđź đđ˛đ˝đŽđżđŽđąđź đąđ˛đš đ°đŽđżđŽĚđ°đđ˛đż đ˛đ đśđťđ˛đłđśđ°đŽđ đź đđżđŽđđśđ˛đđź, đ˛đš đ´đ˛đťđśđź đđśđť đ°đŽđżđŽĚđ°đđ˛đż đťđź đ˝đđ˛đąđ˛ đđśđťđź đ˝đżđ˛đźđ°đđ˝đŽđżđđ˛ đ˝đźđż đđ đľđźđżđŽ. đŹđŽ đđ˛đŽ đąđ˛ đđťđŽ đťđŽđ°đśđźĚđť đź đąđ˛ đđť đśđťđąđśđđśđąđđź, đđ đ˝đżđźđ˝đśđź đ°đŽđżđŽĚđ°đđ˛đż đ˛đ đđ đšđźđ´đżđź đşđŽĚđ đđđ˝đżđ˛đşđź.Âť đżđđ¸đ˝đ˛đ¸đżđ¸đžđ đ đžđąđšđ´đđ¸đ
đžđ đłđ´ đťđ° đđ˝đ¸đžđ˝ đłđ´ đżđ°đłđđ´đ, đťđ°đłđ đ˛đ°đźđżđąđ´đťđť, đ°đźđąđťđ´đđ¸đłđ´
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Entender la importancia de esto nos conduce a una reflexiĂłn interesante sobre nuestra labor educativa. Somos inspiradores, pero tambiĂŠn colaboradores en la formaciĂłn de estos hĂĄbitos que moldearĂĄn el carĂĄcter de nuestros hijos, y no esta demĂĄs recordar estas palabra que Charlotte Mason dirige a la madre, como un recordatorio que le capacita para ofrecer un acmpaĂąamiento cuidadoso en el proceso de formaciĂłn de hĂĄbitos: ÂŤđđš đđŽđ°đđź, đšđŽ đđśđ´đśđšđŽđťđ°đśđŽ đ đšđŽ đ˝đ˛đżđđśđđđ˛đťđ°đśđŽ đđźđť đšđŽđ đ°đđŽđšđśđąđŽđąđ˛đ đžđđ˛ đąđ˛đŻđ˛ đ°đđšđđśđđŽđż đ˛đť đđśĚ đşđśđđşđŽ; đ, đ°đźđť đ˛Ěđđđźđ, đđ˛ đŽđđźđşđŻđżđŽđżđŽĚ đąđ˛ đšđŽ đ˝đżđźđťđđśđđđą đ°đźđť đžđđ˛ đ˛đš đťđśđťĚđź đŽđąđžđđśđ˛đżđ˛ đ˛đš đťđđ˛đđź đľđŽĚđŻđśđđź.Âť
Este principio establece una interesante analogĂa entre el organismo fĂsico, que requiere sustento, y el organismo espiritual y mental, que tambiĂŠn tiene sus propias necesidades. Ambos necesitan alimento: uno fĂsico, el otro intelectual y moral.
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ÂŤđđŽ đ˛đąđđ°đŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đđťđŽ đđśđąđŽ; đšđŽ đđśđąđŽ đđ˛ đđđđđ˛đťđđŽ đ˛đť đśđąđ˛đŽđ; đšđŽđ đśđąđ˛đŽđ đđźđť đąđ˛ đźđżđśđ´đ˛đť đ˛đđ˝đśđżđśđđđŽđš; đ, ‘đđśđźđ đťđźđ đľđŽ đľđ˛đ°đľđź đŽđđśĚ’.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
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La educaciĂłn debe alimentar la mente y el espĂritu del hombre con el tipo apropiado de sustento, lo que sĂłlo puede hacerse mediante una dieta rica y variada de intereses y conocimientos.
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El niĂąo necesita experimentar y degustar por sĂ mismo las oportunidades de aprendizaje y las experiencias que ofrecen las diversas ramas del saber, todo lo cual debe servirse en su plato.
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ÂŤđŁđźđżđžđđ˛ đšđŽ đşđ˛đťđđ˛ đ˛đ đ°đŽđ˝đŽđ đąđ˛ đđżđŽđđŽđż đ°đźđť đđť đđźđšđź đđśđ˝đź đąđ˛ đŽđšđśđşđ˛đťđđź; đđśđđ˛, đ°đżđ˛đ°đ˛ đ đđ˛ đťđđđżđ˛ đđźĚđšđź đąđ˛ đśđąđ˛đŽđ; đšđŽ đşđ˛đżđŽ đśđťđłđźđżđşđŽđ°đśđźĚđť đ˛đ đ˝đŽđżđŽ đ˛Ěđš đ°đźđşđź đđťđŽ đ°đźđşđśđąđŽ đąđ˛ đŽđđ˛đżđżđśĚđť đ˝đŽđżđŽ đ˛đš đ°đđ˛đżđ˝đź; đťđź đľđŽđ đźĚđżđ´đŽđťđźđ đ˝đŽđżđŽ đšđŽ đŽđđśđşđśđšđŽđ°đśđźĚđť đąđ˛ đđťđź đşđŽĚđ đžđđ˛ đąđ˛đš đźđđżđź.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť, đŠđźđš.đ˛, đ˝đŽĚđ´ đŽđłđł
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Como padres solemos mantener una estrecha visiĂłn del concepto de educaciĂłn, y para no agobiarnos somos capaces de entregar un pobre plato de lo mismo cada dĂa, sin hacer un esfuerzo en pro de la salud mental y espiritual de nuestros hijos. No olvidemos que ÂŤđđźđ đľđŽĚđŻđśđđźđ đ đ˝đźđąđ˛đżđ˛đ đżđ˛đšđŽđ°đśđźđťđŽđąđźđ đ°đźđť đ°đđŽđšđžđđśđ˛đż đđ˛đşđŽ đ˛đąđđ°đŽđđśđđź đđ˛ đ˛đˇđ˛đżđ°đ˛đť đđźđŻđżđ˛ đ˛đđ˛ đđ˛đşđŽ đđśđşđ˝đšđ˛đşđ˛đťđđ˛. đđŽ đ°đźđťđźđ°đśđąđŽ đľđśđđđźđżđśđŽ đąđ˛ đ°đźĚđşđź đŚđśđż đđđŽđŽđ° đĄđ˛đđđźđť, đşđźđšđ˛đđđŽđąđź đ˝đźđż đšđźđ đ´đżđśđđźđ đąđ˛ đđ đ´đŽđđź đ˝đŽđżđŽ đžđđ˛ đšđź đąđ˛đˇđŽđżđŽ đ˛đťđđżđŽđż, đľđśđđź đžđđ˛ đđ˛ đľđśđ°đśđ˛đżđŽ đđť đ´đżđŽđť đŽđ´đđˇđ˛đżđź đ˛đť đšđŽ đ˝đđ˛đżđđŽ đ˝đŽđżđŽ đ˛đš đ´đŽđđź đ đđťđź đ˝đ˛đžđđ˛đťĚđź đ˝đŽđżđŽ đ˛đš đ´đŽđđśđđź, đśđšđđđđżđŽ đťđź đđť đşđ˛đżđź đšđŽđ˝đđđ đąđśđđ˛đżđđśđąđź đ˛đť đđťđŽ đ´đżđŽđť đşđ˛đťđđ˛, đđśđťđź đ˛đš đľđ˛đ°đľđź đąđ˛ đžđđ˛ đ˛đš đđżđŽđŻđŽđˇđź đ˛đť đšđśĚđťđ˛đŽđ đ˛đđ˝đ˛đ°đśđŽđšđ˛đ đ°đŽđšđśđłđśđ°đŽ đ˝đŽđżđŽ đ˛đš đđżđŽđŻđŽđˇđź đđźđŻđżđ˛ đ˛đđŽđ đšđśĚđťđ˛đŽđ đđźđšđŽđşđ˛đťđđ˛.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť , los niĂąos necesitan cultivar los hĂĄbitos mentales y morales que proporcionan cada una de las materias escolares y campos de estudio. No debemos ser negligentes al entregar la dieta adecuada, en su proporciĂłn apropiada de forma regular y ordenada.
ÂŤđđťđđ˛đ đąđ˛ đšđŽ đ˛đżđŽ đąđ˛ đšđŽ đ°đźđşđśđąđŽ đ´đżđŽđđśđ, đ˛đđ°đđ°đľđ˛Ě đŽ đđťđŽ đťđśđťĚđŽ đąđ˛đš đ˛đđđ˛ đąđ˛ đđźđťđąđżđ˛đ đŽ đžđđśđ˛đť đđ đşđŽđąđżđ˛ đšđ˛ đąđśđź đđť đ˝đ˛đťđśđžđđ˛ đ˝đŽđżđŽ đ°đźđşđ˝đżđŽđż đ°đźđşđśđąđŽ đ˝đŽđżđŽ đ˛đšđšđŽ đ đđ đľđ˛đżđşđŽđťđŽ đ˝đ˛đžđđ˛đťĚđŽ đŽ đšđŽ đđŽđšđśđąđŽ đąđ˛đš đ°đźđšđ˛đ´đśđź. đđŽ đťđśđťĚđŽ đąđśđˇđź đŽ đđ đşđŽđ˛đđđżđŽ đžđđ˛ đşđ˛đąđśđź đ˝đ˛đťđśđžđđ˛đ đąđ˛ đ°đŽđżđŽđşđ˛đšđźđ đąđ˛ đŽđťđśĚđ đšđšđ˛đťđŽđŻđŽđť đşđŽĚđ đ˛đš đ˛đđđźđşđŽđ´đź đžđđ˛ đđť đŻđźđšđšđź đąđ˛ đşđ˛đąđśđź đ˝đ˛đťđśđžđđ˛. đĄđđ˛đđđżđźđ đ°đźđšđ˛đ´đśđźđ đđżđŽđŻđŽđˇđŽđť đşđŽĚđ đź đşđ˛đťđźđ đ°đźđşđź đ˛đđŽđ đ´đźđđŽđ đąđ˛ đŽđťđśĚđ -đşđŽđżđ°đŽđ, đ˝đżđ˛đşđśđźđ, đŻđ˛đ°đŽđ, đ°đźđťđąđ˛đ°đźđżđŽđ°đśđźđťđ˛đ, đđźđąđź đšđź đžđđ˛ âđšđšđ˛đťđŽ đ˛đš đ˛đđđźđşđŽđ´đźâ đąđ˛đš đťđśđťĚđź đ˝đ˛đżđź đžđđ˛ đťđź đšđ˛ đ˝đżđźđ˝đźđżđ°đśđźđťđŽ đ˛đš đ°đźđťđźđ°đśđşđśđ˛đťđđź đťđ˛đ°đ˛đđŽđżđśđź. đđđŽ đ˛đ đšđŽ đ°đđ˛đđśđźĚđť. đĄđ˛đ°đ˛đđśđđŽ đ˛đš đ°đźđťđźđ°đśđşđśđ˛đťđđź đŽđš đśđ´đđŽđš đžđđ˛ đťđ˛đ°đ˛đđśđđŽ đ˝đŽđť đ đšđ˛đ°đľđ˛; đđ đŽđ˝đ˛đđśđđź đ˝đźđż đŽđ˝đżđ˛đťđąđ˛đż đ˛đ đđŽđť đđŽđťđź đ°đźđşđź đđ đŽđ˝đ˛đđśđđź đ˝đźđż đšđŽ đ°đ˛đťđŽ; đ đđť đŻđđ˛đť đŽđ˝đźđżđđ˛ đŽđŻđđťđąđŽđťđđ˛ đ đżđ˛đ´đđšđŽđż, đŽ đ°đŽđąđŽ đşđźđşđ˛đťđđź, đąđ˛đš đ°đźđťđźđ°đśđşđśđ˛đťđđź, đ˛đ đđťđŽ đťđ˛đ°đ˛đđśđąđŽđą đśđťđľđ˛đżđ˛đťđđ˛ đ˝đŽđżđŽ đšđŽ đˇđđđ˛đťđđđą đŽđš đśđ´đđŽđš đžđđ˛ đ˝đŽđżđŽ đšđźđ đťđśđťĚđźđ đ°đđżđśđźđđźđ; đ đđśđť đ˛đşđŻđŽđżđ´đź đşđŽđťđđ˛đťđ˛đşđźđ đđ đđ˛đťđđŽđ°đśđźĚđť đąđ˛ đľđŽđşđŻđżđ˛ đ°đźđť đ˛đđźđ âđ°đŽđżđŽđşđ˛đšđźđ đąđ˛ đŽđťđśĚđâ. đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
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Este principio resalta una interesante idea sobre la mente del niĂąo, esta no es un recipiente pasivo que debe ser llenado con informaciĂłn de manera mecĂĄnica, sino mĂĄs bien un organismo activo que necesita ser nutrido y estimulado para crecer y desarrollarse.
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Es ilustrativa la comparaciĂłn que Charlotte Mason hace entre la mente del niĂąo y el estĂłmago; asĂ como el estĂłmago estĂĄ diseĂąado naturalmente para digerir los alimentos que ingiere, la mente estĂĄ naturalmente equipada para asimilar y procesar el conocimiento. Al igual que el estĂłmago no requiere instrucciĂłn especial o ejercicios para prepararse para la digestiĂłn, la mente del niĂąo no necesita ser entrenada de manera artificial para aprender. Es decir, đšđźđ đťđśđťĚđźđ đđśđ˛đťđ˛đť đđťđŽ đ°đŽđ˝đŽđ°đśđąđŽđą đśđťđťđŽđđŽ đ˝đŽđżđŽ đŽđŻđđźđżđŻđ˛đż đ đ˝đżđźđ°đ˛đđŽđż đśđťđłđźđżđşđŽđ°đśđźĚđť đŽ đşđ˛đąđśđąđŽ đžđđ˛ đśđťđđ˛đżđŽđ°đđĚđŽđť đ°đźđť đ˛đš đşđđťđąđź đžđđ˛ đšđźđ đżđźđąđ˛đŽ.
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Es por esta razĂłn que nuestra funciĂłn como educadores no consiste en saber todo de todo y transferir este conocimiento al niĂąo a travĂŠs de lecciones orales o charlas magistrales, sino proporcionar a los niĂąos un entorno enriquecedor y experiencias de aprendizaje significativas que les permitan explorar, experimentar y descubrir el conocimiento por sĂ mismos.
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ÂŤđđ˛đŻđ˛đşđźđ đŽđŻđŽđťđąđźđťđŽđż đšđŽ đłđŽđżđđŽ đąđ˛ đ˛đťđđ˛đťĚđŽđż đŽ đšđźđ đˇđźĚđđ˛đťđ˛đ đ°đźĚđşđź đŽđ˝đżđ˛đťđąđ˛đż, đšđź đ°đđŽđš đ˛đ đđŽđť đśđťđŽđ˝đżđźđ˝đśđŽđąđź đ˛ đśđťđĚđđśđš đ°đźđşđź đ˝đżđ˛đđ˛đťđąđ˛đż đ˛đťđđ˛đťĚđŽđżđšđ˛ đŽ đđť đťđśđťĚđź đŽ đ°đźđşđ˛đż đđśđť đźđłđżđ˛đ°đ˛đżđšđ˛ đ°đźđşđśđąđŽÂť. đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
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ÂŤNuestra gran culpa es que mantenemos nuestras mentes y las mentes de los niĂąos vergonzosamente subalimentadas. La mente es como un pulpo espiritual que estira sus miembros para capturar enormes raciones de aquello que bajo la actividad mental se convierte en conocimiento. Nada puede echar a perder la variedad infinita de conocimiento; los cielos y la tierra, el pasado, el presente y el futuro, cosas grandes y cosas mĂnimas, las naciones y los hombres, el universo, todo estĂĄ al alcance de la inteligencia humana.Âť Charlotte Mason, Vol.6
En este principio Charlotte Mason cuestiona la doctrina educativa herbartiana que considera la mente del niĂąo como un simple receptĂĄculo (recipiente) para el conocimiento que el maestro transmite de manera estructurada.
ÂŤđđš đłđżđŽđ°đŽđđź đąđ˛ đťđźđđźđđżđźđ đšđźđ đşđŽđ˛đđđżđźđ đ˛đ đžđđ˛ đťđź đ°đźđťđłđśđŽđşđźđ đšđź đđđłđśđ°đśđ˛đťđđ˛ đ˛đť đšđźđ đ˝đźđąđ˛đżđ˛đ đśđťđđ˛đšđ˛đ°đđđŽđšđ˛đ đąđ˛ đťđđ˛đđđżđźđ đŽđšđđşđťđźđ, đ đ°đźđşđź đ˛đšđšđźđ đđźđť đŽđšđşđŽđ đşđźđąđ˛đđđŽđ, đšđź đžđđ˛ đ˛đš đşđŽđ˛đđđżđź đđ˛ đźđłđżđ˛đđ°đŽ đŽ đľđŽđ°đ˛đż đ˝đźđż đ˛đšđšđźđ, đšđź đ˝đ˛đżđ°đśđŻđśđżđŽĚđť đ°đźđşđź đŽđšđ´đź đžđđ˛ đťđź đ˝đđ˛đąđ˛đť đľđŽđ°đ˛đż đ˛đšđšđźđ đşđśđđşđźđ.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
Su clara advertencia es que, un enfoque que otorga tanto poder al educador, puede conducir a una educaciĂłn superficial; donde los niĂąos reciben mucha informaciĂłn pero poco alimento que digieren para su propio crecimiento. ÂŤ…(el profesor) đĄđź đđ˛ đľđŽ đąđŽđąđź đ°đđ˛đťđđŽ đąđ˛ đžđđ˛ đ˛đš đ°đźđťđźđ°đśđşđśđ˛đťđđź đťđź đ˛đ đđť đŽđšđşđŽđ°đ˛Ěđť, đđśđťđź đđť đ˛đđđŽđąđź đŽđš đžđđ˛ đđťđŽ đ˝đ˛đżđđźđťđŽ đšđšđ˛đ´đŽ đź đťđź.ÂťđđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť,
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âđđš đđżđŽđŻđŽđˇđź đąđ˛ đ˛đąđđ°đŽđż đđ˛ đđśđşđ˝đšđśđłđśđ°đŽ đ´đżđŽđťđąđ˛đşđ˛đťđđ˛ đ°đđŽđťđąđź đ°đźđşđ˝đżđ˛đťđąđ˛đşđźđ đžđđ˛ đšđźđ đťđśđťĚđźđ, đŽđ˝đŽđżđ˛đťđđ˛đşđ˛đťđđ˛ đđźđąđźđ đšđźđ đťđśđťĚđźđ, đžđđśđ˛đżđ˛đť đŽđąđžđđśđżđśđż đđźđąđź đ˛đš đ°đźđťđźđ°đśđşđśđ˛đťđđź đľđđşđŽđťđź; đđśđ˛đťđ˛đť đŽđ˝đ˛đđśđđź đ˝đŽđżđŽ đšđź đžđđ˛ đđ˛ đšđ˛đ đ˝đźđťđ´đŽ đąđ˛đšđŽđťđđ˛ đ đđŽđŻđśđ˛đťđąđź đ˛đđđź, đťđđ˛đđđżđŽ đ˛đťđđ˛đťĚđŽđťđđŽ đđ˛ đŽđťđśđşđŽ đ°đźđť đ˛đš đđŽđšđźđż đąđ˛ đťđđ˛đđđżđŽđ đ°đźđťđđśđ°đ°đśđźđťđ˛đ.ÂťđđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
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Priorizar el proceso de enseĂąanza en lugar del contenido mismo y la forma en que se llega al conocimiento, hace relucir al educador, pero deja fuera a quien deberĂa ser el principal protagonista.
âđđŽ đ˝đđśđ°đźđšđźđ´đśĚđŽ đąđ˛ đđ˛đżđŻđŽđżđ đ˛đ đ˛đ
đđżđŽđźđżđąđśđťđŽđżđśđŽđşđ˛đťđđ˛ đ´đżđŽđđśđłđśđ°đŽđťđđ˛ đ đŽđđżđŽđ°đđśđđŽ đ˝đŽđżđŽ đšđźđ đ˝đżđźđłđ˛đđźđżđ˛đ đžđđ˛ đ˛đđđŽĚđť, đ°đźđşđź đźđđżđŽđ đ˝đ˛đżđđźđťđŽđ, đŽđťđđśđźđđźđ đ˝đźđż đąđŽđżđšđ˛ đ˝đżđ˛đđđśđ´đśđź đŽ đđ đđżđŽđŻđŽđˇđźâ đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
Debemos recordar los principios anteriores que nos recuerdan que los niĂąos son plenamente capaces de enfrentarse al conocimiento. Charlotte Mason no quiso insultar a una profesiĂłn de gran valor para la sociedad, sino que la definiĂł basĂĄndose en la propia naturaleza.
ÂŤ(âŚ)đĄđź đťđźđ đąđŽđşđźđ đ°đđ˛đťđđŽ đąđ˛ đžđđ˛, đ˝đźđż đťđŽđđđżđŽđšđ˛đđŽ, đ˛đš đşđŽđ˛đđđżđź đđśđ˛đťđ˛ đđť đ˝đźđąđ˛đż đ˝đźđ˛Ěđđśđ°đź đžđđ˛ đŽđđżđŽđ˛ đ˛ đśđťđđ˝đśđżđŽ, đžđđ˛ đđ đąđ˛đŻđ˛đż đťđź đ˛đ đđ˛đąđśđźđđź đ°đźđşđź đ˛đš đąđŽđż đąđ˛ đ°đźđşđ˛đż đ˝đŽđ˝đśđšđšđŽ đŽ đ°đđ°đľđŽđżđŽđąđŽđ, đđśđťđź đşđŽĚđ đŻđśđ˛đť đ˛đ đšđŽ đ°đźđşđđťđśđ°đŽđ°đśđźĚđť đąđ˛ đąđźđ đşđ˛đťđđ˛đ đśđ´đđŽđšđ˛đ đąđźđťđąđ˛ đ˛đš đşđŽđ˛đđđżđź đ˛đ đ˛đš đ´đđśĚđŽ, đłđśđšđźĚđđźđłđź đ đŽđşđśđ´đź.Âť ÂŤđđđŽ đłđżđśđ°đ°đśđźĚđť đąđ˛ đđźđšđđťđđŽđąđ˛đ đšđŽ đ°đđŽđš đľđŽđ°đ˛ đžđđ˛ đ˛đš đđżđŽđŻđŽđˇđź đ˛đđ°đźđšđŽđż đđ˛đŽ đľđźđđđśđš, đđ˛ đżđ˛đąđđ°đ˛ đ°đźđťđđśđąđ˛đżđŽđŻđšđ˛đşđ˛đťđđ˛ đ đđźđżđ˝đżđ˛đťđąđ˛đťđđ˛đşđ˛đťđđ˛ đ°đđŽđťđąđź đđżđŽđđŽđşđźđ đŽ đšđźđ đťđśđťĚđźđ, đşđ˛đťđđ˛ đŽ đşđ˛đťđđ˛, đŽ đđżđŽđđ˛Ěđ đąđ˛đš đşđ˛đąđśđź đąđ˛đš đ°đźđťđźđ°đśđşđśđ˛đťđđź.Âť đđľđŽđżđšđźđđđ˛ đ đŽđđźđť
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ÂŤđŚđđđ°đśđđŽđż đŽđđźđşđŻđżđź đ đŽđąđşđśđżđŽđ°đśđźĚđť đąđ˛đŻđ˛ đđ˛đż đđťđź đąđ˛ đšđźđ đ˝đżđśđťđ°đśđ˝đŽđšđ˛đ đźđŻđˇđ˛đđśđđźđ đąđ˛đš đşđŽđ˛đđđżđź.Âť
ExplicaciĂłn principio 1 y 2
Si es primera vez que te acercas a la filosofĂa de Charlotte Mason puedes hallarte en oposiciĂłn al principio dos y quizĂĄ un entendimiento poco claro del principio uno, permĂteme despejar ambas cuestiones poniendo la filosofĂa en el contexto adecuado.